Tradición y apuestas, ¿espíritu británico?

Acaban de empezar las temporadas de muchos de los deportes estrella en todo el mundo. Más allá de ser o no seguidor de un equipo, mucha gente quiere dar un paso más allá y acudir a casas de apuestas para, además de disfrutar, darle emoción e incluso sacar algo de dinero.

Históricamente ya han existido este tipo de retos. Sólo hay que echar un vistazo a los grandes combates de boxeo, al high level de las carreras de caballos o incluso a la Liga Profesional de Rugby, con miles de seguidores dispuestos a apostar por sus propios equipos para demostrar su apoyo.

No es raro que, en el bar en el que se desayuna, haya en marcha incluso una porra para divertir y entretener a los que acuden a ver los partidos o los eventos deportivos a la barra. Es una forma de hacer “parroquia”, de involucrar también a la gente a disfrutar y a interactuar unos con otros.

Sin duda, pensar en las apuestas es hacerlo también en la tradición. De hecho, apostar no es algo nuevo, sino que siempre al hombre le ha gustado poner a prueba sus ideas o pensamientos con lo que luego sucedía en la realidad.

Judíos y católicos ya estipularon un día para poder apostar de forma libre, pero sin duda ha llegado a nuestra época como pocas tradiciones.

Piensa simplemente en Londres. Las casas de apuestas son casi tan tradicionales o tan famosas como su Big Ben, sus autobuses de dos pisos rojos o incluso, si nos apuramos, la pinta o el te. En Reino Unido la tradición de las apuestas deportivas se remonta a siglos atrás, con lo que quizá es uno de los enclaves del planeta donde mayor volumen de usuarios acaban aglutinando.

Uno de los grandes acontecimientos para este tipo de locales son las finales. Ya sea una final de Champions o incluso un mundial, si hablamos de fútbol, son referente a nivel mundial para testar cuál es el sentir de la gente de a pie.

De hecho, muchos telediarios abren directamente hablando de cómo se paga según que resultado en las casas de apuestas deportivas, algo que hace que nos demos cuenta de la influencia real que tienen en el desarrollo mismo del evento.

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